Comienza con una nena jugando sola en una plaza en la que no había nadie más. Y de repente, un hombre, mayor, gris, que se acerca y se queda mirándola.
Ella levanta la vista y lo mira fijamente. Lo reconoce, pero disimula. Sigue jugando.
- Hola Manile. -saludó el hombre- Sabés que ya es tiempo de irte.
- Hola… -responde la nena, con poco entusiasmo- Sí, lo sé. Pero no quiero… Esta vez ya quiero quedarme acá…
Habla sin quitar los ojos de su juego con la arena.
- Sabés que eso es imposible, Manile. Y mi presencia te lo confirma. Dame tu mano por favor.
El hombre tiene cabello largo y desprolijo, y la barba sin afeitar.
- Está bien… al menos espero esta vez, tener más suerte que la anterior…
La nena se levanta del piso, se sacude la arena de su vestidito, y le da la mano al hombre, e inmediatamente desaparecen los dos, con una explosión de luz.
En otro lugar, el Doctor gritó:
- ¡Es una nena!
Guillermina se puso muy contenta porque, aunque nunca lo dijo, siempre quiso que su primer bebé fuera una mujer.


5 comentarios:
Si, se estaba tan lindo, del otro lado del charquito.
Saluditos, lindo cuento.
Qué lindo! Asi, poder pensar que venimos de vivir otra vida!
Me alegra volver a leerte!
Besoos
Hola Serena, muchas gracias por tu visita y tus palabras. Te espero por mi plaza imaginaria, cuando gustes.
Te abrazo
MentesSueltas
Pensé que era la muerte y, cuando terminé de leer, me lleve una agradable sorpresa :)
Me encantó!
Que lindo! y se me ocurre una pregunta ¿no puede elegir como volver, o en quien volver? digo, porque me gustaría se Hugh Hefner.
Bienvuelta, un beso
A
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